Italia llegó a 19 partidos seguidos sin perder y empató uno ante Holanda, un resultado que hubiera sido bienvenido hace unos meses dado el nivel de sus rivales. Ahora, sin embargo, los azzurri lo ven como una oportunidad perdida en las entrevistas, que es otra señal de su innegable crecimiento.

El partido se jugó en Bérgamo, la ciudad italiana más afectada por el coronavirus, y en las gradas del renovado Estadio Gewiss se encontraban los 243 alcaldes de esa provincia y varios miembros de los trabajadores sanitarios de los hospitales de la región. Los jugadores los aplaudieron ruidosamente antes del saque inicial. El enfrentamiento fue intenso y parejo. De Boer sorprendió con un 5-3-2 sin precedentes con la calidad de De Jong en el medio campo.

Los italianos, en cambio, empezaron con el habitual 4-3-3 y causaron daño con la llegada de sus extremos Chiesa y Pellegrini. El jugador de la Roma abrió la lata con 15 minutos y recibió una genialidad de Barella, quizás el mejor local, que lo puso solo frente a Cillessen. Poco después, Immobile desaprovechó una gran oportunidad de poner el 2-0 al disparar al portero holandés que respondió con el empate.

Un centro raso de Blind encontró en el área a Depay, cuyo disparo aterrizó entre los pies de Van de Beek, quien azotó a Donnarumma. Antes del descanso, después de que Luuk de Jong se defendiera de otro centro a ciegas, los italianos recuperaron velocidad y se fueron 2-1 con Spinazzola, Pellegrini y Bonucci.

Los equipos se asustaron al comienzo de la segunda mitad cuando Donnarumma contrarrestó el tiro de flanco de Depay con una atajada. Immobile falló en el segundo mano a mano de su juego y desde entonces mostró las tradiciones futbolísticas de los dos países casi al revés. Italia atacó (pero nuevamente sin objetivo), Holanda esperó y buscó el 1-2 con contraataques. El marcador dejó de moverse y hubo un empate que solo Polonia, el nuevo líder del Grupo 1 de la Liga de Naciones, ganó gracias al 3-0 aprobado por Bosnia.

Foto Meditiempo